Devocionales

Reflexión Diaria Agosto 01 2014
¿Sabes escoger tus amistades?
Sí responderás seguramente, pero a todos nos pasa, sobre todo en nuestra adolescencia y juventud, que depositamos nuestra confianza en las personas menos indicadas. Hoy el apóstol Pablo nos enseña la importancia de ser cuidadosos con muchos factores, entre ellos con quienes nos relacionamos y las cosas que hablamos: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.” 1a Corintios 15:33. Cuando somos jóvenes, nos desagrada que nuestros padres nos adviertan respecto al tipo de amistades que nos conviene tener, y tendrán que pasar muchos años quizás, para comprenderlos; no obstante, a los jóvenes o adolescentes cristianos se les abre un mundo de oportunidades porque tienen la Palabra de Dios para ayudarles a entender primero realmente qué amistades son convenientes y por otro lado, cuál es el afán de sus padres en ese sentido y por otro lado, les muestra cuán seria es su responsabilidad delante de Dios, respecto a la crianza de sus hijos; por tal razón querido joven o jovencita, te animo a obedecer las advertencias de tus mayores, porque no es solamente los padres quienes tienen un ojo avizor en ese sentido, están los abuelos, tíos, o hermanos mayores, quienes desean lo mejor para ti; luego vienen tus autoridades espirituales que también te enseñan y aconsejan. Es cierto que necesitamos tener un grupo de amistades afines a nuestros gustos y anhelos, pero debemos ser exigentes con nosotros mismos en la escogencia de las mismas, así que lo ideal es que permitas que te guíen en la escogencia de tus amistades, porque tú solamente puedes ver lo más evidente, mientras ellos están considerando entre otras actitudes de tus posibles amigos, su forma de hablar, porque si son personas que hablan con palabras sucias o tienen conversaciones indiscretas y nada productivas, entonces te harán perder tu tiempo, te irán seduciendo con sus comentarios, porque cuando somos jóvenes, somos como papel secante, todo lo absorbemos, y entonces terminarás hablando como ellos, vistiéndote como ellos y actuando como ellos, y peor aún, te pueden apartar de los caminos del Señor, sin que te des cuenta. ¡Cuidado! Que Dios te bendiga.

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