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Integridad, la clave de un ministerio fructífero.


Liderazgo Integral
Diciembre 13 de 2011.

Conferencista: Apóstol. Jhon Milton Rodríguez.
Referencia. Salmo 78:72
Introducción. Aquí encontramos dos palabras claves: Integridad y Pericia.

Integridad: Es una cualidad de un carácter conforme al corazón de Dios; viene de un vocablo griego que significa: pureza de virgen. Se refiere a la cualidad que debemos tener de guardar nuestra vida para agradar a Dios, aún en presencia de personas que hablan mal, actúan mal, que hacen lo incorrecto -porque han perdido su integridad-, entonces guardamos nuestro pensamiento, nuestro corazón y nuestra boca, para agradar a Dios; la integridad hace posible que no juzguemos a las personas, porque ésta –la integridad-, se pierde por causa de la contaminación.

La contaminación espiritual se genera por personas como usted o como yo, porque nadie se contamina por grafitis, o por pasar por lugares incorrectos, o por ver en un momento dado y accidentalmente algo incorrecto; porque bien lo dijo el Señor Jesús, que lo que contamina a la gente no era lo que entraba a la boca, sino lo que salía de la persona (Marcos 7:15). Por tanto, la contaminación es todo aquello que yo permita oír y que después hable y que dañe mi integridad; es decir, no se deja de ser fructífero porque se ande muy ocupado; el Señor siempre ha llamado es a gene muy ocupada al ministerio. La pregunta entonces es: ¿Qué tan íntegro estás para dar fruto? Y este fruto es integral, no sólo en el ministerio, sino empresarial, financiero, laboral, familiar; es decir, en todas las áreas de la vida.

La contaminación entonces nos quita la fuerza para dar fruto, y nos hace ver como gente juzgadora, de nuestro hermano que al igual que nosotros es de carne y hueso; de igual forma, perdemos la capacidad de amar, por lo cual, ya no tenemos la paciencia para con los discípulos, ni la sabiduría para hablar las cosas, al contrario, nos hacemos ordinarios para decir las cosas, muestra de que estamos contaminados y simplemente decimos: “es que así soy yo”. Cuando Dios nos dio vida fue para agradarle a Él, razón por la cual debemos guardar nuestro corazón.

Pericia: Significa, sabiduría o habilidad, para impulsar, y desafiar para hacer cosas nuevas y grandes. Tenemos entonces que: Pericia es una habilidad, mientras integridad es una cualidad. A veces, queremos la habilidad para dar fruto y levantar un ministerio maravilloso, igual queremos tener la pericia, convocar y ver milagros, señales y prodigios; pero antes de la habilidad -según la Palabra que acabamos de leer-, es la cualidad. Así que si queremos dar fruto en nuestra vida financiera, ministerial, etc., eso es pericia; es decir un favor especial para lograr las cosas; no obstante, antes de esto, está la cualidad -la integridad-, y es donde debemos tener cuidado en la pericia -oración de tres, convocatoria para retener el fruto, etc.-, pero la gran pregunta es: ¿Por qué no lo logro? Tenemos dinero, pero la plata no rinde. Porque no hay pericia, no hay capacidad para retener un fruto, y así edificar en cada una de las áreas de nuestra vida.

Es decir, todo aquello que queramos hacer -con las manos-, depende de lo que está en el corazón; por ejemplo la Palabra dice: “la mujer sabia edifica su casa y la necia, la destruye” (Proverbio 14:1).

Entiendo que a todos nos puede pasar, que en ocasiones estamos bien con el Señor, cuando por alguna razón, nos dejamos contaminar, y por ello, creo que es necesario que hoy nos limpiemos de toda contaminación. Entramos a un mes muy difícil para algunas personas, que si no tienen integridad pueden caer de manera terrible, quizás en un comienzo ni se note, pero en presencia de una fuerte tentación, la caída es terrible. Porque la gente no cae en pecado de un día para otro, sino que es el resultado de bajar el nivel de integridad, por lo cual no está firme para enfrentar una tentación. La Palabra lo advierte, “las pequeñas zorras” -pequeños pensamientos, o ideas incorrectas, etc.-, echan a perder la integridad de una persona; que si usted no se cuida de ello, eso lo va minando en todo.

Cuando uno quiere tener un ministerio fructífero, es decir toda nuestra vida de servicio para Dios, de manera integral; porque Él quiere que seamos tremendamente fructíferos en todas las áreas de nuestra vida -empleo, empresa, familia etc.-. Por eso, debemos cuidar nuestro corazón –nuestra vida delante de Dios- y por eso hoy en el nombre de Jesús, la Palabra de hoy es para limpiarnos, santificarnos, restaurarnos, y sacar así todo lo que el diablo ha querido ganar ventaja en tu corazón. Así que, como apóstol de este ministerio hoy te bendigo y declaro canceladas todas estas contaminaciones que han querido dañar tu paz, tu vida, tu hogar, tiene que salir completamente de ti.

Si no hay integridad en nosotros, en nada podremos dar fruto, porque es necesario guardarse puro en todas las áreas de nuestra vida, y es la clave en un ministerio fructífero; por eso, todos en la iglesia tenemos que madurar, y guardarnos de conflictos innecesarios, guardemos paz en nuestro corazón. Algunos quieren la pericia, sin integridad y eso así no funciona. La integridad es la que lleva a guardar el fruto de la gente que Dios nos ha confiado hasta ahora, para salvación y buen testimonio. Un ministerio se hace sólido cuando hay integridad en la gente a la cual Dios le ha delegado autoridad espiritual en una ciudad (líderes, pastores, mentores, etc.), pero es necesario guardar esa misma integridad que Dios nos ha confiado.

Integridad tiene que ver con gente humilde, sencilla, leal. Es importante que aprendamos esto, porque la iglesia de Cristo debe estar bajo un diseño de integridad. Hoy muchos se autonombran pastores o buscan a otros con falta de integridad, para que los nombren, sin tener en cuenta el proceso de formación de las personas, van dando cobertura sobre dichos ministerios. Porque esto del llamado es algo tan delicado, por tanto, es necesario guardar la integridad y tener nuestro corazón en sencillez. Por todo esto, para saber cómo es que podemos guardar nuestra integridad, debemos tener presente lo siguiente:

1. Intimidad. En el libro de los Salmos, capítulo 101, leemos algo maravilloso que Dios quiere que tengamos siempre en cuenta, nuestra intimidad con Él; lo cual se refiere a ese momento especial en el cual vengo ante Dios en humildad, doblo mis rodillas delante de Él, con todos mis sentidos, cuando le pedimos a Dios que lo único que haya en nuestra vida sea identidad con él, entendiendo que todo lo que tiene y es Dios, es lo que debe estar en nosotros y por tanto, debemos despojarnos de todo aquello que no tiene que ver con nosotros como sus hijos (orgullo, soberbia, pensamientos incorrectos, murmuración, etc.), y sacar todo esto de nuestro corazón; porque tenemos que reconocer que somos frágiles, y es necesario identificar qué cosas nos hacen perder nuestra identidad.

2. Honra. El Señor honró a muchos, por ejemplo: Juan el Bautista –a pesar de que hubo un momento en que este mismo hombre dudó de Jesús-; a Pedro, quien lo negó tres veces, pero lo honra, le dice: “pastorea mis ovejas”; ¿quién le confiaría su ministerio a alguien que lo ha traicionado? Jesús lo hizo con Pedro. Honremos la gente, a sus discípulos (quienes se han aguantado tantas cosas de usted), es necesario dar honra a quien merece honra. Honremos a nuestras autoridades y pastores; a nuestra iglesia, con nuestro diezmo y ofrendas, para levantar casa para Dios; porque Dios nunca te va a dejar avergonzado; porque Dios honra al que le honra; y quien aprende a honrar a todos y en todo, recupera su identidad con Dios.

3. Pureza. (Salmo 101:3-8). Adiós mentiras, soberbia, vanidad, orgullo, altivez, difamación de mis hermanos, etc., y renunciemos hoy a todo eso, porque debemos recuperar la pureza en nuestra vida. Hoy debemos ir por nuestra integridad. Debemos entender que si tratamos a todos con integridad, entonces Dios nos dará la pericia para poder pastorear y poder bendecir las personas, y de esa forma, podamos ser bendición para nuestra casa, nuestra propia vida y poder ver toda una ciudad completamente transformada, por el poder del Señor Jesucristo.

Conclusión. Entendemos que la cualidad, precede a la habilidad y hoy hemos podido entender la importancia de la integridad, para que seamos transformados por el poder de esta Palabra y entendamos la importancia de tener una autentica intimidad con Dios, dar honra a quien le debamos honra, comenzando obviamente por nuestro Amado Señor, y restaurar en nosotros, la pureza de nuestro ser, para que Dios pueda a través de nosotros, transformar toda una ciudad.

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