
V.E. enero 29 de 2012.
Conferencista:Pastor. Jhon Milton Rodríguez.
Textos bíblicos. Hebreos 11:1; /Romanos 4:17/ Gálatas 3:6
Introducción. La fe es nuestra fuente de prosperidad, y esta palabra (Prosperidad), tiene unos sinónimos espectaculares, tales como: éxito, progreso, bienestar, auge, expansión, felicidad, realización. Quisiera que estas palabras marcaran su corazón en este día, porque el deseo de Dios es que tengamos prosperidad, pero una prosperidad integral (3a de Juan 2); no una fe desequilibrada (buena salud pero pobreza, riqueza y permanente enfermedad, buena salud, buenas finanzas, pero mala relación familiar).
El deseo de Dios es que seamos tremendamente prósperos; que conquistemos territorios, que tengamos expansión, etc.; inclusive si nuestros antepasados no lo fueron, que nosotros lo podamos alcanzar. Lo interesante es que cuando uno camina con Dios, siempre esa prosperidad será incrementada, nunca va para atrás, es decir, nuestras próximas generaciones van a disfrutar cosas más grandes de las que nosotros tengamos hoy día. Por eso, la fe para nosotros es sinónimo de realizaciones y no se irá en deseos; puedo tener ganas, buenas intenciones, pero con Dios es distinto, porque ¡con Dios es realización! Dios no está interesado en emocionarnos, o en mostrarnos algo y que nunca lo logremos ¡jamás!, porque Él es bueno.
Así que la fe empieza por revisar nuestro concepto de Dios; con Dios no es un “tal vez” sino un Amén, porque Él no es un Ser castigador, ni vengativo, porque Él es bueno. Cuando acepto que Él es bueno y que aún las situaciones más complicadas por las cuales pase, Dios las utiliza para mi bendición y edificación -porque todo ello nos ayuda a madurar (el desacuerdo con el cónyuge, un jefe, el líder, incluso personas que son incomprensibles, etc.)-; por lo cual nuestro corazón tiene que crecer en generosidad, aún para entender la situación de otros y no enojarnos tan apresuradamente; pero si somos generosos entonces logramos comprender dichas circunstancias.
Mientras nuestra autoridad es limitada, Dios tiene autoridad absoluta e ilimitada, y es la razón por la cual no debo buscar entenderlo totalmente todo y de igual forma, no necesariamente todo el mundo debe comprendernos o estar a nuestro favor, o creer que es válido todo lo que anhelamos, es la razón por la cual debemos confiar solamente en Aquel que es Soberano, para que en medio de situaciones difíciles, Él pueda traernos paz, darnos fortaleza, y enseñarnos a vivir correctamente para no apartarnos del propósito de Dios; porque prosperidad tiene que ver con el hecho de que la vida nos alcance para hacer lo que Dios quería que hiciéramos (en todas las áreas y relaciones), eso se llama: Propósito, realización, progreso; es la razón por la cual debemos tranquilizarnos, ni acelerarse ni ser demasiado tranquilo (relajado); cuando uno aprende a vivir una vida de fe, uno aprende a ser balanceado y cuando no comprende algo, entonces a guardar silencio y no criticar; tampoco dejarse llevar por sentimientos negativos hacia alguien que no está de acuerdo con uno; porque en ocasiones creemos que tal o cual persona es difícil, pero quién sabe nosotros, para quienes somos difíciles (eres comprendido por algunos, pero incomprendido para otros; igual sucede con las personas a nuestro alrededor).
En momentos incomprensibles, lo mejor es el silencio –es una forma como se manifiesta la fe-; en la biblia vemos que Zacarías –el sacerdote casado con Elisabet-, que inexplicablemente no habían podido concebir, lo cual podía ser una carga, porque la esterilidad era sinónimo de maldición; esto pudo ser difícil tanto para la pareja, como para el pueblo; cuando Dios les visita ya en su ancianidad para anunciarles que de ellos levantaría a Juan el Bautista; Zacarías dentro de sí no creyó, no comprendía, entonces Dios lo dejó mudo, porque antes que fuese a declarar algo negativo que afectara dicho propósito, era necesario callar y solamente cuando el niño nace, este sacerdote, puede volver a hablar. Así que en situaciones, un tanto incomprensible –cosas realmente extrañas y casi imposibles-, mejor es quedarse callado, porque si Dios habla a favor nuestro, es mejor callar porque Dios lo va a hacer. Porque eso quiere decir, que se acordó de nosotros. Y es que la fe nace en momentos incomprensibles; recordemos igual el ejemplo de Abraham y Sara. La fe rompe costumbres, en aquella época era “costumbre”, que cuando la mujer era estéril, la esposa le daba al hombre el permiso de tener una concubina, con tal de sacar heredero. Sara, pretendió “ayudarle” a Dios –como podríamos hoy decir-, y lo único que hizo fue traer serios problemas a sus generaciones venideras (Génesis 12), dos pueblos salieron de Abraham: Ismael –ismaelitas hoy- y los de Israel –israelitas hasta hoy-; que son enemigos acérrimos y hasta hoy están en guerra.
Porque cuando uno reacciona en momentos incomprensibles, se crean problemas para sus futuras generaciones; por eso, es ahí donde el silencio es una manifestación de fe.
La fe es para que cuando encontremos gente que no nos quiera apoyar en nada, o no nos quiera comprender, logremos el propósito que Dios tiene para nuestra vida; aunque igualmente hayan momentos que salgan lágrimas de nuestros ojos –que es una manifestación de impotencia-, o pasemos por momentos contradictorios, pero si aprendemos a poner nuestra fe en Dios, aún por encima de esos momentos difíciles, nuestro propósito en todas las áreas de nuestra vida aquí en la tierra se va a cumplir en el Nombre del Señor. Hay dos maneras de vivir: a) bajo la ley; y b) bajo la gracia, cuyo fundamento es la fe. Mientras la ley nos hace pensar que si nos portamos bien siempre nos irá bien y que si nos portamos mal, siempre nos irá mal -aunque tiene un sentido lógico-, no es necesariamente real; porque hemos visto que en ocasiones aunque nos portamos bien, lo que vivimos no es tan bueno, y viceversa.
En cambio, cuando aprendemos a estructurar una vida de fe, que independiente de las circunstancias -de los momentos difíciles-, nos mantenga estables en el propósito de Dios y no va a permitir que nuestra vida como persona –nuestra integridad-, se deteriore, y que sin importar qué piensen o digan de nosotros, nos podemos mantener firmes en lo que Dios nos ha confiado; sacaremos adelante nuestro hogar, nuestra empresa, ¡progresaremos y avanzaremos a pesar de todo! Tomar la fe por la parte romántica es un terrible error, entonces se escuchan argumentos como este: “se supone que si yo voy a la iglesia…se supone que si yo leo la biblia… se acabaron los problemas” –lo cual no es cierto-; pero también escuchamos el otro extremo: “es que en la vida cristiana hay que sufrir, porque es muy duro, porque todos se levantan en mi contra, en cambio cuando no era cristiano(a), todo me iba mejor y tenía más dinero…etc., etc.”; ambos argumentos, muestran una mala interpretación de lo que realmente es la fe.
La fe fue dada por Dios para superar lo que es injusto, o incomprensible, por eso la Palabra de Dios dice: “Al que cree, todo le es posible”. La fe nos libera –de recuerdos, de malas experiencias, etc.-; la fe respeta propósitos específicos de cada persona. Es la razón por la cual, ninguno es parecido a otro, porque lo que Dios tiene para usted, no lo tiene para otro y viceversa; porque Dios tiene con cada persona un propósito específico; además fuimos creados para la alabanza de su pueblo, porque quién podría alabar a Dios, sin tener conciencia de la grandeza de Él y de su propósito con nosotros.
Y cuando aceptamos que somos irrepetibles -y por tanto no somos comparables con otros-, si vivimos en esa dimensión, nuestra fe se va a desarrollar de tal manera, que nadie nos va a poder parar, y aprenderemos a madurar en la vida, a no amargarnos ni reaccionar en lo incomprensible, y aprenderemos que no dependemos de nada, ni de nadie, solamente de Dios, y que pase lo que pase, mientras estemos de la mano de Dios y en la casa de Él -donde nos haya puesto-, lo que parezca imposible, se hace posible y eso lo hemos podido comprender en nuestra vida, razón por la cual nos congregamos para alabarlo y escuchar su Palabra. Así que, cada vez que venga la duda, debemos acudir a nuestros testimonios de fe, porque si Dios lo hizo una vez con nosotros, lo hará de nuevo y las veces que Él quiera, porque es el mismo de siempre (Hebreos 13: 8).
En Hebreos 11:1, nos muestra que la fe no está exenta de dificultades, sino que es certeza de esperar algo, porque la fe tiene que ver con saber esperar –algo que no nos gusta mucho-, en las promesas de Dios y con la convicción; es decir, tiene que ver con promesas de Dios, que no las vemos aun, pero que si las creemos, las vamos a ver. Porque primero se cree, para poder ver; no es al contrario; cuando nos podemos abrir a esa dimensión, es grandioso, porque Dios no puede hablar o mostrar algo, a quien no cree, o tiene un corazón cerrado e incrédulo.
Por eso, cuando declaramos fe en nuestro corazón y aprendemos a hablar en ese lenguaje, en nuestra convicción de vida, entonces el mismo Señor Jesús, pintará cuadros maravillosos de lo que nos va a acontecer, y empieza a darnos convicción de cosas nuevas, que hasta el día de hoy no habíamos visto; porque la mente se abre para Él. Claro que la fe enfrenta luchas (Hebreos 11:33), y esto lo vemos en muchos ejemplos que nos provee la Palabra de Dios; más la conquista nos hacer avanzar, hasta alcanzar lo anhelado y tan esperado; aunque en momentos, implica silencio –no para quedarse paralizado, sino un silencio que hace avanzar-; ejemplo: Josué cuando tomó la Tierra Prometida, a quien Dios le ordenó que marcharan en silencio, diferente a la generación de Moisés, que tanto hablaron que se atrajeron muerte.
Y es que la vida de fe no se puede contaminar con la incredulidad, porque hoy la gente le llama normal a todo lo que no es de fe –hacer trampa, ser grosero, a decir mentiras, ser negativo, etc.-, cuando esa normalidad, nos hace ser negativos; mientras que la vida de fe habla de transparencia, de hablar con la verdad, pide perdón, renuncia a lo incorrecto, etc., porque la fe rompe con el pasado y no mira con retrovisor, la fe mira hacia adelante. Si logramos practicar esa vida de fe que nos enseña Dios en estos versículos, seremos esas personas que cita la Palabra –Hebreos 11:33-34-; pero es necesario entender que todo eso lo alcanzamos guerreando; cuando no comprendamos nada, en silencio estemos guerreando, porque aunque los demás se porten mal, aunque otros digan mentiras, nosotros siempre diremos la verdad, esto es guerrear con las armas de Dios, las cuales no son carnales, sino poderosas en Dios, aunque otros hablen mal nosotros, no; aunque otros nos odien, nosotros debemos amarles; eso es hacer la guerra a la manera de Dios.
Tres cosas que debemos practicar para alcanzar nuestra herencia:

1. La fe depende de las promesas de Dios. Mi fe no depende de las promesas de otros –un hijo, el cónyuge, un amigo, etc.-; es la razón por la cual, necesito saber cuáles son las promesas de Dios y aprenderlas y declararlas para mi vida, porque mi fe depende es de las promesas de Dios y eso es conocer mi herencia en Dios, porque si no la conozco, otros la disfrutarán. Ejemplo, la Palabra dice que tengo una vida en abundancia (Juan 10:10), entonces aprendo a depender de esa promesa; de lo contrario acepto la ruina como parte de la voluntad de Dios. Cuando conozco Sus promesas, mi fe se fortalece (Isaías 53:5), entonces puedo creer que soy una persona sana, no importa las circunstancias. Obviamente hay personas que todo el tiempo están declarando enfermedades diversas, que en ocasiones se debe a que desean llamar la atención; pero esto no procede de alguien de fe.

2. La fe depende de los recursos de Dios. Los recursos de Dios son inagotables, el mundo puede decir no hay dinero, mientras que Dios dice que Él es el dueño del oro y de la plata. En ese sentido no dependemos que lo que otros digan o hagan, no dependemos de los bancos, sino de todo lo que Dios tiene para nosotros; porque es Él quien tiene todo garantizado para nuestra vida, porque antes que viniéramos al mundo, Dios tenía ya todo preparado para nosotros; esto lo vemos desde la creación, Dios cuando creó al hombre, ya tenía un lindo lugar para él, el Edén; porque es Dios quien genera los recursos que el hombre va a necesitar en su vida.
Debemos entonces levantar nuestra mirada, porque nuestro socorro viene de Dios, de quien hizo los cielos y la tierra, no sigamos mirando para el suelo, sino mirando hacia arriba, porque nuestros recursos, vienen de Dios y en Él “…no hay sombra de variación” (Santiago 1:17); por tal razón, es necesario estructurar nuestra vida de fe con los recursos de Dios, hay recursos muy importantes, por ejemplo la oración, y cada vez hacerlo mejor, el Espíritu Santo nos ayuda a orar; y a buscar más de Dios, el ayuno igualmente es otro recurso muy importante, porque todo tipo de complejo o resentimiento, es cambiado por la estructura que viene de parte del Señor Jesús. Tenemos también la Palabra –la Biblia-, es la que nos muestra la versión de la vida, según Dios; porque por lo regular hemos adaptado la versión de la vida, según la gente a nuestro alrededor, o según los noticieros, la versión de la vida según el jefe, el amigo, etc., y resulta que cualquiera de esas formas de ver la vida, es efímera –pasajera-, porque ninguna persona ha vivido otra vida, o tendrá una vida para siempre, en cambio, cuando nos alimentamos de la Biblia, entonces empezamos a ver la vida, como la ve Dios y a ver la gente como la ve Dios y Él es Eterno, es el Alfa y es la Omega, es una versión que tiene: pre-existencia, existencia y post-existencia, a su propia vida; ¿Habrá una mejor versión de la vida, que la que tiene Dios? Porque Dios es Eterno; pero la otra pregunta es: ¿La conocemos?
Nuestra mente está tan contaminada por la versión de alguien más, que nos cuesta trabajo creer la versión de Dios y es ahí donde debemos perseverar, y aunque en principio no entendamos nada, hemos de seguir escudriñando la Palabra. Es necesario que nos llenemos de la versión de Dios, y no creer en la versión humana que es la que nos lleva a la depresión.
Otro recurso bien importante, que nos ayuda a superar dificultades y nos ayuda a tener ventaja sobre todo problema, es congregarnos, porque cuando salimos de la iglesia, quedamos súper llenos de Su Presencia y así, podemos superar lo que sea en el Nombre de Jesús; la Iglesia le permite a uno incrementar la vida y tomarle ventaja a la misma; porque la Palabra revelada es un mensaje que nos lleva a tomar decisiones y esto nos hace tomar ventaja sobre muchos años a nuestra propia vida y aprendemos a superar cuántos conflictos, con solamente cuarenta y cinco minutos que dura un mensaje.

3. La fe depende de la manera de Dios. Perdone, reconcíliese, ame, dedíquese, entréguese, seamos honestos, íntegros y obedientes, porque esto es llevar nuestra vida, a la manera de Dios. Debemos declarar fe y así nos conectamos con el propósito de Dios.
Conclusión. Anhelamos prosperidad, pero en ocasiones nos concentramos solamente en el área financiera, no obstante Dios, quiere que tengamos una prosperidad integral (3a de Juan 2); así que lo mejor para nosotros es creer que el Señor dice y por eso debemos siempre tener en cuenta que la fe no depende de nada externo o de otras personas, sino que depende de: las promesas de Dios, sus recursos y la manera como Él quiere, que hagamos las cosas, para que realmente tengamos una vida tremendamente próspera.

