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La santidad, mi mayor necesidad.

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L.I. enero 17 de 2012.

Conferencista: Pastor. Jhon Milton Rodríguez.
Referencia: 1a. de Pedro 1: 13- 25
Introducción. La palabra santidad viene del término “Santo” (en hebreo qadosh y en griego: es hagio), que significa elegido por Dios; estamos en la iglesia del Señor porque hemos sido elegidos por Dios; cuando uno es consciente de ello, entiende que todo cambia, y por ende empieza la santidad.

La santidad viene de Dios, en nosotros no hay santidad por nosotros mismos, es la razón por la cual necesitamos conectarnos con Dios. Santidad no es lo mismo a ser una buena persona, hay gente que aparentemente se ve así –porque no le hace mal a nadie-, pero sus motivaciones, sus pensamientos, no giran alrededor, de honrar el nombre del Señor, sino que giran alrededor de suplir necesidades, o de querer adquirir cosas para sí; pero su “eje central” no es el Señor, y la única forma como podemos santificarnos, es cuando el “eje central de la vida”, es el Señor; que todo lo que diga, haga y piense, honre el nombre del Señor, si así es, le aseguro que usted podrá santificarse. Santidad es girar alrededor de Dios; porque hay muchos creyentes que dicen amarle, pero todo gira alrededor de decir: “ojalá Dios me oiga”, “ojalá Dios me ayude”; “ojala Dios me de”; es decir, alrededor de sí y de sus necesidades; muchos por ello se frustran en la vida de fe, porque no obtienen los resultados como ellos lo esperan -en el área financiera, de la salud etc.-; porque resulta que somos elegidos para algo específico, no fuimos elegidos para tenernos sentados en una banca de la iglesia, sino para que seamos una familia sólida, que transformemos nuestra ciudad, nuestro País, y las naciones de la tierra.
De nada sirve que tengamos iglesias grandes en las ciudades, si éstas –las ciudades-, siguen corrompidas, porque hemos sido llamados a ser sal en la tierra y luz en el mundo; por eso la Palabra dice que la luz no se esconde, sino que se coloca en lo más alto, para ser vista por todos los hombres; necesitamos santidad en nuestra vida, porque si hay santidad, habrá transformación en la ciudad; porque aunque hay muchos cristianos, hay pocos santos; es decir, la transformación de una ciudad no depende del gobernante de turno, sino de que la iglesia se santifique; si somos gente comprometida en agradar a Dios con todo el corazón, veremos una ciudad transformada; y esto, tiene que ver con una elección que Dios hizo, con una razón de ser de selección. Santificación es tomar los atributos de Dios -amor, gozo, paz, paciencia, bondad, transparencia, verdad, pureza-, para que sean la marca de mi vida.
Dios no nos ha llamado para que nos estanquemos en nuestra vida, en las finanzas o el ministerio; pero, si en nuestra vida no hay sinceridad, ni rectitud sino hipocresía, no puede haber avance; Dios dice que quien es de doble ánimo, no alcanza absolutamente nada, y tenemos que hacer algo al respecto. Por eso, los atributos de Dios tienen que ver con una identidad. Lo más importante en una ciudad o país, sea grande o pequeño es la identidad, porque ésta es la que le da fuerza al pueblo. Si la iglesia de Cristo, tiene identidad con Cristo, la iglesia es fuerte, si usted tiene identidad con Cristo, será fuerte. Puedo decir que creo en Dios, pero si en mi forma de vivir me gusta el engaño, la mentira, las verdades a medias, la hipocresía, eso no me permite ser fuerte y eso quiere decir que no hay identidad con Cristo.
Es la razón por la cual, cuando enfrentamos dificultades no vemos la victoria y al contrario, cuando recuperamos nuestra identidad con Cristo, nos hacemos fuertes y entonces, derribamos lo que sea en el Nombre de Jesús. Obviamente hay dificultades en la vida que en ocasiones logran en algunos casos que perdamos la identidad con Cristo (presiones financieras, tristezas, injusticia a nuestro alrededor, personas que nos traicionan, etc.); y de esa forma nos hacemos presa fácil para el diablo, porque el diablo sólo va respetar a quien refleja a Cristo, no a quien simplemente ande con una gran biblia, o sepa canciones cristianas, el diablo sólo va a respetar y le va a huir, a gente que refleje a Cristo. La santidad nos ayuda a recuperar nuestra identidad con Cristo y por ello debemos tomar una decisión absoluta de que somos para Dios y nadie más, y al tiempo, tomamos una distancia radical de aquello que es impuro, de aquello que es sucio, de aquello que es incorrecto, tomamos total distancia en el Nombre de Jesús. La santidad es una confrontación directa con Dios. Leemos en Levítico 20:7, que a santificación es una orden y podemos darnos cuenta que:

Santidad nos conecta con las maravillas de Dios (Josué 3:5). Hay personas que son cristianos por unos cuantos años, otros hasta se congregan pero su vida es igual, porque su problema incide en su falta de santificación. La fe no te lleva a donde te lleva la santidad, tú puedes aducir que tienes fe, pero la verdadera fe nace de la santidad. Josué tenía fe, y el respaldo de Dios, pero el Señor le exigió que tanto él como el pueblo, se santificaran. Multiplicarse en el ministerio es una maravilla, es un milagro de Dios. Cuando decides que tu vida es sólo para el Señor, entonces vendrá sobre ti un favor de Dios tan impresionante, que tu ministerio crecerá ilimitadamente. Porque todas las maravillas vendrán sobre el pueblo (restauración de la salud, del hogar, la prosperidad etc.), cuando se santifica. La santidad comienza por la lengua, vemos que la generación de Moisés, murmuraba mucho, mientras que la generación de Josué, aprendió que debían callar y obedecer; se santificaron, y por eso recibieron la Tierra Prometida.

Santidad nos lleva a dar más fruto (Juan 15:2). La santificación es un privilegio para gente que ha dado fruto; para muchos no les es revelada la santificación; porque la santidad nos lleva a dar más fruto.

Santidad nos lleva a disfrutar de Su presencia (Hebreos 12:14). La Palabra advierte que sin santidad nadie verá a Dios. Su oración toma fuerza cuando usted decide santificarse. Su matrimonio toma fuerza, cuando decide santificarse. Su ministerio toma fuerza de igual manera. El favor de Dios hace que lo que haga, Él lo multiplique. El que vive en santidad, tiene gozo y tranquilidad; no le angustia que haya mucho trabajo, le agrada que le den nuevos desafíos, y tiene ideas nuevas cada vez más, porque la santidad le lleva a disfrutar de esa Presencia del Señor.

Conclusión. ¿Cómo nos vamos a santificar? (1a Tesalonicenses 5: 23). Disponiéndose para Él, y Dios se encarga de santificarnos completamente. Decimos que Dios es Santo, Santo, Santo, porque Él es Trino, Padre, Hijo y Espíritu, que son Santos, pero que son Tres en Uno. El ser humano es tripartita también (espíritu, alma y cuerpo); Dios Trino, tiene poder para santificar nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo. Hoy Dios quiere confrontar nuestro espíritu, que es el motor de nuestra vida, pero la santidad de tu espíritu obedece solamente a la voz que tú obedeces; si estás obedeciendo la voz de Dios, tu espíritu va a estar en santidad; pero si la voz que tú obedeces es la voz del desespero, es la voz de la tentación, es la voz del egoísmo, la mentira, etc., entonces tu espíritu necesita ser santificado. El problema que tenemos es que cuidamos mucho nuestra parte externa, pero nuestro “motor”, que es el espíritu, necesita santificarse de muchas cosas, porque si “el motor” de nuestra vida está averiado, por más biblia que sepamos o deseos que tenga no vamos a fluir; por tanto, cuando Dios interviene, suceden tres cosas:


Trae luz, por tanto en tu espíritu no puede haber cosas raras u oscuras, ni doble animo. Muchos en la iglesia hoy día, no quieren servirle al Dios de la iglesia, y ésta fue elegida por el Señor para que le sirviera a Él. Muchos no colocan su fe en Dios porque en su vida hay oscuridad, y está escuchando voces que no tiene que escuchar y cuando Dios interviene Él trae luz y es ahí donde el Señor te va a mostrar claramente su camino; pero es necesario que limpies tu espíritu, que le demuestres tu pasión por él, porque nada ni nadie, va a contaminar tu espíritu. Hoy Dios separará de tu vida las sombras de la luz y aquello que había oscurecido tu espíritu hoy se va fuera en el Nombre de Jesús.


Otra cosa que contamina nuestro espíritu es el desorden, en Génesis 1: 2-8; Dios no sólo separó la luz de las tinieblas, sino que puso orden en todo. Si tú aceptas el desorden en tu casa, en tu empresa, en tus finanzas, eso está contaminando tu espíritu, porque te resta ímpetu y oprime tu espíritu. El orden viene ejercido de arriba hacia abajo, por eso Dios establece mentores, para llamarte al orden, Dios establece pastores, evangelistas, maestros, apóstoles, profetas; para establecer orden; por esa razón, no le debe incomodar ser llamado al orden, por eso Dios establece autoridades y leyes, en todo. Cuando usted acepta el orden y ser llamado al orden, entonces usted está permitiendo que Dios intervenga en su espíritu; el desorden queda erradicado de todas las áreas de su vida y ministerio. Si realmente usted valora el ser santificado por el Señor, tiene que aprender a valorar el ser llamado al orden.


Dios interviene para generar fructificación en la creación. (Génesis 1:11); cuando usted permite que Dios intervenga en su espíritu, en su vida habrá fructificación. Cuando leemos en Génesis 3 la intervención del hombre, que trajo oscuridad por escuchar más otras voces, menos la de Dios; y esto le trajo esterilidad. Si quieres dar mucho fruto, entonces empieza por no correr tanto, no hablar tanto, más bien callarse y aprenda a escuchar y obedecer la voz de Dios y vendrá claridad, vendrá luz, vendrá orden, vendrá fructificación.


Dios interviene para honrar al hombre. (Génesis 1:26) Si usted permite que el Señor intervenga en su espíritu, Dios le va a honrar. Y Dios sabe cómo hacerlo, contrario a cuando el hombre interviene, que deshonra a Dios. En la santificación de nuestro espíritu, debemos pedirle que nosotros no estorbemos Su propósito; sino que al escuchar su voz, hagamos lo que él diga, aunque nos parezca difícil, o injusto en ocasiones.

El más grave problema de este siglo es el hedonismo, es la actitud de creer que todo tiene que complacerme a mí y beneficiarme a mí, y la vida no gira alrededor de nosotros. La vida gira alrededor del Señor Jesucristo, su obra y su Iglesia; y eso es lo que debemos tener en cuenta aunque a veces, no nos beneficie o no nos guste, pero si sirve para Dios y para su Obra, entonces que se haga. Entonces debemos decir: Señor que se haga lo que beneficie tu nombre y tu Obra.

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