Agosto 6 de 2012.
Pastor. Cesar Palacios.
Texto bíblico. Génesis 32: 22-31
Introducción. Recordamos la historia de Jacob la cual nos ayuda a comprender algunas actitudes que nos es importante adquirir, para lograr apasionarnos en la obra de Dios. Como congregación hemos podido alcanzar importantes logros y por ello estamos contentos y agradecidos con el Señor, quizás en ocasiones uno se acostumbra a tanta multitud, pero en realidad esto no es de todos los días que Dios escoja un grupo de personas y las lleve a crecer al punto donde hoy estamos (…) pero debemos ser conscientes tanto de esto, como del hecho de que hemos frenado el ritmo de crecimiento que traíamos; (…) que algo está pasando y que el proceso de multiplicación y crecimiento , que ha sido una orden divina, se ha detenido alrededor de nuestra vida, y debemos ser conscientes de ello y averiguar qué es lo que está pasando.
Pensando en esto, el Señor me mostraba la vida de Jacob, quien aunque obtuvo tantos triunfos, no obstante todo lo iba alcanzando después de fuertes luchas; comenzando con la forma cómo le quitó a su hermano la primogenitura y logró la bendición de ella de parte de su padre (Isaac), llegó donde Labán (pariente de su madre) y lo acogieron con cariño; realmente se veía que tenía sobre él, la bendición de Dios; sin embargo, llegó un momento donde Jacob entendió que las cosas no eran así, Dios le había dado una promesa de crecimiento y multiplicación, y aunque aparentemente había bendición en su vida, pero el entendió que lo que el Señor tenía para Él era muchísimo más de lo que hasta ese momento Dios le había dado.
En nuestro caso descubrimos que no nos estamos multiplicando porque se ha acabado la pasión, al igual que ocurre con los matrimonios al pasar los años. Cuando no hay pasión, las cosas se estancan, se complican y deterioran. ¡Cuando se acaba la pasión, se acaban las ganas!, y cuando no hay ganas, la vida se vuelve monótona, y todo se hace simplemente porque “toca”, y como somos cristianos, nos toca ponernos “una fachada de responsables”, y la vida se convierte de repente en una rutina. Ya hacemos todo lo de nuestro ministerio sin los ánimos de antes; parecido le sucedió a Jacob, llegó un momento en que se sintió “seco”, tenía a sus mujeres, sus once hijos, en fin tenía prácticamente todo, pero de repente sintió que Dios tenía mucho más para su vida y comprendió que la única manera de ir a esos nuevos niveles que Dios tenía para él, era a través de la pasión; de la misma forma sucede en nuestra vida cristiana, en nuestro ministerio (…)
Cuando estamos recibiendo muchas bendiciones, entonces nos acomodamos y debemos volver a soñar con lo que Dios nos ha dicho; Jacob, volvió a soñar con la promesa que Dios le había hecho a su padre (Isaac) y que a su vez, le había hecho a su abuelo (Abraham), y que de igual forma le había dado a él mismo (Génesis 28:14-15), y esa promesa seguía vigente, generación en generación, y por tanto, Dios también a nosotros nos promete que si esto es así, Él no nos dejará, hasta que se cumpla hasta la última promesa que te ha dado, porque todo rhema de parte de Dios (su promesa), Él lo va a cumplir. Necesitamos “despertarnos” para que la pasión vuelva a nosotros; pero debemos tener en cuenta que para ello necesitamos desarrollar lo siguiente:
1. La estrategia, esta debe ser clara, Jacob recordó siempre esa palabra de parte de Dios, y con base en ella, diseñó una estrategia, porque recordó que su hermano estaba muy enojado con él y que lo buscaba para matarlo, por lo tanto, su estrategia tenía que ser muy buena, y comenzó a enviarle presentes diversos a su hermano con el fin de saber cómo se veía y al tiempo, preparando el terreno propicio para su encuentro con él; además, comenzó a organizar unos campamentos, por si esto le fallaba sus familias estuviesen dispersas de tal forma que si mataba a unos, los otros estarían a salvo, de tal forma que algunos de su descendencia pudiesen seguir adelante.
(…) Nosotros también conocemos varias estrategias para alcanzar grandes cosas (La oración de tres, los grupos de Paz, los Encuentros, etc.), pero la estrategia por sí sola no funciona. Reconocemos que sabemos todo respecto a la estrategia que tenemos, cómo hacer una consolidación, un Grupo de Paz, cómo se hace una visita, una llamada, cómo se prepara un tema de un Grupo (desde cómo preparar y ungir el ambiente, las sillas, etc.), pero notamos que no está funcionando como debería. Porque falta lo que le da poder para ser una estrategia, el ingrediente fundamental: la pasión.
2. Santificación. La clave para que la pasión se encienda, es la santificación; porque de lo contrario estaríamos desobedeciendo a Dios y esto, entristece (contrista), al Espíritu Santo de Dios. Y para alcanzar la santificación necesitamos: A) Sacar el pecado de nuestra vida, porque los dones se apagan debido a ello, y eso equivale a apagarse el poder del Espíritu Santo en nuestra vida, y por tanto su manifestación no se hace presente en nosotros. Jacob lo entendió y organizó todo su plan; no obstante, hubo un momento que no era solo la estrategia, sino que el problema era el mismo, y que por ello no había podido alcanzar la plenitud de las promesas de Dios, y que necesitaba santificarse, y que aunque era llamado el engañador, Dios siempre le había acompañado, su bendición había estado sobre su vida, pero la plenitud del propósito de Dios, solo vendría cuando su nombre fuese transformado. B) Quitar “la fachada”. Como Congregación reconocemos que todo lo que hemos logrado es debido a que la bendición de Dios ha estado sobre nosotros, pero al igual que Jacob, debemos nosotros hacer, porque él se determinó a estar lleno de la gloria de Dios y por eso, encuentra su Peniel; y esto equivale a ese tiempo donde cada uno de nosotros se agarra con el ángel de Dios, para que nos revele todo y debemos salir de nuestras “fachadas”, porque nos gusta mucho lo que se ve externamente y a ello, nos acostumbramos y nos llena; pero esto no nos engañemos, porque Dios no puede ser burlado.
3. Unción. Si queremos ver aquí en nuestra congregación, todas esas personas –dieciocho mil-, que han llegado al Señor en estos tiempos, no para que nos vean como una iglesia muy grande, sino para que esas dieciocho mil familias representadas en esas personas, sean realmente familias cambiadas; (…) en ocasiones entre nosotros mismos, no permitimos a las personas enamorarse realmente de Cristo, y de su iglesia; debido a que como líder nos tomamos “licencias” que no nos corresponden para pecar, hacer lo incorrecto y cometer indiscreciones de todo tipo, y como quizás en el momento no nos han “pillado”, entonces decimos “no ha pasado nada”. Debemos escudriñarnos cada uno, profundamente. Porque tenemos que reconocer que nos ha faltado unción.
Esto tiene que ver con lo que hacemos acá ministerialmente, porque parte de la unción es lo que hacemos en casa, y reconocer por ello, de dónde se va a tener unción entonces para tratar a otros. Si en casa las parejas tienen en ocasiones sus papeles invertidos, personas con tremendo ministerio, pero que en casa están molestos con su cónyuge, entonces dejan de hablarse por largo tiempo; hijos que aquí en la iglesia todo va bien, pero en casa se les olvida que la Palabra les ordena honrar al padre y a la madre y que este es el primer mandamiento con promesa. Esta es una reflexión para todos nosotros como iglesia. No podemos seguir viviendo una vida de una doble moral, si queremos de verdad ir a los elementos de pasión, que nos lleven a esa multiplicación, debemos ser limpiados y esto lo logramos si nosotros mismos, reconocemos lo que hay en nosotros, y sacamos de nosotros esa fachada. Dios sabe quiénes somos nosotros, por tanto debemos quitarnos las caretas, porque ¿a quién queremos engañar? El Señor nos está dando la oportunidad de que nos mostremos como somos, que seamos sinceros con Dios y con nosotros mismos. (…)
Conclusión Pero en ocasiones nosotros mismos oramos a Dios y le pedimos que nos de pasión, que queremos crecer y multiplicar, pero estando en una circunstancia tan deplorable prácticamente como pordioseros, porque no nos santificamos; y vemos mucha gente que comienza a servir con ímpetu, pero pronto se cansa, porque su pecado termina por avergonzarlo, lo expone y lo saca totalmente. Dios sabe que no somos perfectos, y no está buscando “perfectos”, pero sí está buscando a gente sincera. Algunos creen que cuando Dios se manifiesta en nuestras reuniones, eso es santidad, pero Dios no lo hace por nosotros, sino por amor a ese pueblo que está recibiendo su manifestación, se mueve entonces a pesar del ministro;(…) Dios ha seguido creciendo en Su obra, por amor a una ciudad.
Como iglesia necesitamos que el corazón que está tan endurecido en nosotros, sea arrancado, sea transformado para que verdaderamente seamos santificados, pero es necesario ser transparentes y quitarnos toda careta, entonces regresará a nosotros esa pasión para ganar esas multitudes.





