
Julio 3 de 2012.
Pastor. Jhon Milton Rodríguez.
Texto bíblico. 1a de Pedro 3: 8-17
Introducción.
Todos queremos que nuestros ministerios no solamente crezcan, sino que también avancen, y hoy quiero sembrarte tres cosas sencillas para lograrlo, porque la obra de Dios no se desarrolla como “por arte de magia”, no es un asunto de manipulación, o de imponer nuestro liderazgo por la fuerza, o creerse que es el que manda a otros, así no se puede avanzar en el ministerio, ni tampoco crecer pensando que la gente te tiene que rendir pleitesía, o esperando que todo el mundo de va a aplaudir; porque entonces tu corazón estaría expuesto a la amargura, porque obviamente habrá gente que no te va a aplaudir y otros, que no te van a agradecer; lo interesante es que estos últimos, con el tiempo, si ven en ti que sigues adelante en tu liderazgo, van a regresar y se convierten luego en los discípulos más leales a la obra de Cristo.
Por eso, es necesario tener muy claro que no es con reclamos o falsas expectativas de que la gente debería ser de tal o cual modo, o debería actuar de tal forma; esto te resta fuerza y divide tu mente, porque no se crece restando y dividiendo, sino, sumando y multiplicando; por eso es necesario tener muy claro que cada palabra que digas, cada acto que hagas en tu vida, te sume o multiplique; de ahí la importancia de aprender a escoger tus pensamientos, tus palabras y tus acciones, porque siempre se te va a presentar un abanico de posibilidades de pensamientos, palabras y acciones en tu vida, por eso, te ruego en el Nombre del Señor, que aprendas a escoger aquello que tu veas que realmente te suman o multiplican.
¿Cuáles son aquellas cosas que nos dividen o restan? La amargura, la sobre expectativa de que la gente debería ser de una u otra forma, y te molesta porque no son como tú quieres que sean, cuando debemos aprender a amar a la gente como son, comenzando desde nuestro cónyuge, no podemos hacerlo a nuestro gusto, sino amarle como es; y esto es igual de válido en el ministerio, porque hay discípulos difíciles, otros raros, pero de igual forma hay que amarles. Por tanto, para crecer y avanzar en el ministerio, es necesario sacar pensamientos, palabras o acciones, negativas, y aprender a escoger pensamientos, palabras y acciones que sumen por ejemplo: nunca hablar de forma desleal, dejar la ingratitud, nunca murmurar, renunciar a la ira, sacar todo celo o desconfianza; y en cuanto a lo meramente técnico de nuestro ministerio, tales como celugramas o sobres, mantenerlos al día; igual la fono visita.
El ministerio se asemeja a un granero, porque estos no se llenan de una sola vez, sino que es lentamente, de grano en grano; porque Dios no actúa por eventos, sino por procesos; a Dios le gusta la honra después de la segunda milla, no en la primera, con Dios es granito por granito, el Señor jamás te va a dar lo grande de una vez; porque primero trabaja en tu crecimiento interno, en tu carácter; pero él quiere ver que escoges palabras, pensamientos y acciones correctas; imagínese que Dios le confiara un Grupo de Paz de cuarenta personas a alguien iracundo, no le duraría ese Grupo; o a una persona perezosa, menos le va a confiar cuatrocientas personas a alguien que se queja por tener que ir a una alborada, o a un equipo de doce, no sería posible, porque la queja mata el fruto. Por eso, debes enfocarte en acciones que sumen y multipliquen; por eso no todos los ministerios crecen y avanzan, porque la clave en la vida no es empezar bien, sino terminar bien.

1. EMPRENDER. Pedro como buen edificador, que se dedicó a hacer todo conforme a la voluntad del Señor, nos habla en estos versículos de características muy importantes, y nos habla de emprender, porque lo único que tiene esperanza de lograrse es lo que se emprende; por eso hay que atreverse en el ministerio y en todo, porque es de la única forma en que se puede tener esperanza de lograr frutos, por eso, emprender siempre va a sumar o multiplicar, no podemos dejar de emprender porque otros no lo hacen. Les desafío a que al final de sus días, sean personas que no descansaron por estar haciendo realidad sus sueños, por gente que se atrevió. Solamente quien emprende, es el que aprende; muchos pretenden aprender bien, para luego emprender, y no hay forma de hacerlo así, porque para poder aprender bien hay que equivocarse, y eso solamente se logra al emprender.

2. PERSEVERAR. Esto tiene que ver con generar soluciones, es decir, pensar en cómo superar obstáculos, de cómo puedes hacer tu ministerio mejor, cómo podrías predicar mejor, o tocar tal o cual instrumento mejor; cómo solucionar las situaciones negativas, para ello es importante disciplinar la mente, de tal manera que pueda colocarse por encima del problema que se le presente. Determinarse a ser un solucionador y no un problemático; esto también tiene que ver con no conformarse a hacer siempre lo mismo, ¡jamás! Sea un insatisfecho, haciendo las cosas cada día mejor. Una cosa es ser un insatisfecho para hacer las cosas cada día mejor, y otra cosa un perfeccionista, porque este juzga a las personas, mientras el insatisfecho (solucionador), se auto evalúa así mismo, para mejorar.

3. SANTIFICAR. Esto tiene que ver tanto con actitudes, como con las palabras. Santificar es hacer lo correcto en el liderazgo cada vez, porque Dios te ha confiado responsabilidad sobre tu liderazgo, por tanto tienes que hacer lo que Él quiere, es decir: Ir y hacer discípulos, esto tiene que ver con tu paciencia para enseñarles, desde leer la Palabra, hacer el Devocional, el Altar Familiar, porque la gente necesita ser enseñada. Igualmente enseñarles a preparar su gente para Encuentro.
CONCLUSIÓN. Que todo lo que hagas sume y multiplique para que puedas avanzar y crecer, así tu ministerio será realmente fuerte.

