Julio 1 de 2012. Pastor. Jhon Milton Rodríguez.
Texto bíblico. Romanos 8: 28-39.
Introducción.
Cuando conocemos a Jesús nos podemos levantar como unos valientes, y por ello siempre habrá una forma de avanzar en nuestra vida, y seremos vencedores en todo, no en algunas cosas o en algunas áreas, es ¡en todo! En la primera parte leíamos “…los que aman a Dios…”; pero luego encontramos en el versículo treinta y siete, que dice: “por medio de aquel que nos amó”, y cuando nosotros lo amamos a Él, todas las cosas, aún las más complejas, nos van a ayudar a nuestra propia bendición, a nuestro bien, prosperidad, destino y propósito; es así que dice que “…nos hace más que vencedores por medio de aquel que nos amo”, el asunto aquí es amor. ¿A qué amor nos referimos? ¿Por qué Jesús venció en todo? (enfermedad, muerte, y resucita y aún sobre la traición, adversidad e injusticia), y luego se sienta a la diestra del Padre y con su cetro de justicia; y ahora nos dice en esta palabra, ¡que si lo amamos a Él, entonces, todo nos va a ayudar a bien, y nos hace más que vencedores y nos sienta en lugares celestiales, con Cristo Jesús! Esta declaración de por sí sola, nos toca en nuestro espíritu ¡Gloria a Dios!
Semejante cuando una pareja al casarse, en el altar se juran amor y fidelidad eterna, no obstante el hombre ha de entender que cuando dice que ama a su esposa, lo que está declarando con ello es que se casa para hacerla completamente feliz a ella, no para que ella lo haga feliz a él. En el versículo veintiocho dice que todo nos ayuda a bien, por tanto, tomando la analogía de la declaración de los esposos en el altar, debemos igualmente decirle al Señor que queremos comprometernos con Él, para hacerle siempre feliz a Él, que nuestras palabras le hagan feliz, que nuestros actos le hagan siempre feliz a Él, que nos comprometemos para hacerlo feliz a Él, no para que Él nos haga felices a nosotros. Que venimos a la iglesia no para que Él nos haga felices, sino al contrario, somos nosotros que ¡queremos con nuestro comportamiento, siempre hacerle feliz a Él! Que igualmente le servimos con todo el corazón, buscando hacerle solamente feliz a Él. Que todo lo que hagamos sea para hacerle siempre feliz a nuestro Dios.
Debemos entender que la única razón de nuestra existencia es amar a Dios y hacerle feliz con nuestro testimonio; cuando estamos en esa dimensión, entonces todo lo que nos suceda (positivo o negativo), Dios lo va a utilizar para nuestra bendición. Hay un ejemplo en la biblia, donde el diablo creyó que haciéndole tanto daño a José (el hijo de Jacob; Génesis 37 al 39), se iba a traducir en mal para este varón, pero al contrario, porque cada vez que el enemigo le daba a José “una patada”, le estaba impulsando hacia adelante, y de esa forma lo estaba era acercando al lugar de su bendición, donde Dios lo había predestinado para gobernador de toda la tierra. Porque a los que aman a Dios, todas las cosas les ayuda a bien, y esto no se puede explicar a través de razonamiento humano; porque si tú pudieras entender todo lo que Dios hace, entonces Dios sería “muy chiquito” tanto, que cabría en tu cabeza, pero Dios es tan grande que no puede caber en tu cabeza, ni en la de nadie. ¡Dios es muy Grande!
Jesús tuvo tres cualidades en su carácter, ¿qué había en el Señor Jesucristo, que lo hizo más que vencedor por encima de todo, por lo cual hoy día, usted y yo, podemos también serlo en Él?; más no que seamos más que vencedores por el simple hecho de asistir a la iglesia, o porque somos “chéveres”; ¡No! Debemos conocer sus características, precisamente para saber cómo es que podemos vencer en todo. Jesucristo tiene muchas cualidades, no obstante, hoy nos enfocaremos en solamente tres:
1. Intimidad con Dios (Mateo 26:39) Si el mismo Hijo de Dios, que había venido del cielo, con los ángeles alrededor de Él, con todo un destino ya profetizado desde la antigüedad, y que podríamos decir que ya tenía asegurado el resultado y el respaldo de Dios, no obstante, sabía que tenía necesidad de intimidad con el Padre Dios, y que era innegociable; cuanto más nosotros que somos “unos personajes”.
El Señor Jesucristo estaba orando en un momento previo a todo lo que le esperaba; la traición de Judas, la negación de Pedro, la crucifixión, su agonía, cuando ya sabía que su tiempo en la tierra había terminado, igualmente la forma como sería avergonzado, y el rechazo del que sería objeto, que incluso, los mismos que en algún momento había sanado, esos mismos le negarían y despreciarían, y que en realidad, sería un momento terrible. Así y todo, Jesús decide tener intimidad con Dios, allí en el Getsemaní, y postrado, le dice a Dios, que se haga la voluntad del Padre y no la de Él (Jesús, el Hijo); eso es intimidad.
Intimidad entonces no es llorar en el cuarto de oración y quejarse por todo. Intimidad es renunciar a la voluntad propia, para que se haga la voluntad del Padre, porque mientras nuestra voluntad dice que debemos estar afligidos y amargados, o que debemos tomar justicia por nuestra propia mano, o que debo pensar negativamente, al contrario, debemos pedir que se haga es la voluntad del Padre Dios. Y leemos en Romanos 12:2 al final, “…Que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Debes comprobar la voluntad de Dios, es decir, determinar vivir en esa voluntad del Señor, y eso es intimidad.
2, Nobleza. En diferentes pasajes encontramos esta cualidad de Jesús, recordamos cuando Pedro le cortó la oreja a Malco y cómo Jesús (Juan 18:10-11), le sanó, de igual forma cómo trataba a Judas, de amigo, a sabiendas de que le entregaría y de igual forma cómo le habló a Pedro, cuando después de resucitar, se dirige a él y las mismas ocasiones en que le había negado, ahora lo restaura y por si fuera poco, le confía “sus ovejas”, ¡Tanta nobleza! ¡Dios mío! Por tanto, ten esto en cuenta, y aunque tengas oportunidad de hacerle daño a tu enemigo, no se lo hagas, y aunque te maldigan, o te envidien, bendice; en ocasiones no sabemos cómo tratar con la envidia, o con la murmuración, porque o nos amargamos o nos afligimos, queremos tomar justicia con nuestra propia mano, y así no es. Dios quiere que entiendas que algo excelente estás haciendo para Él; y cuando esto sucede, no debes permitir la amargura en tu corazón. El Señor Jesucristo ante esto, sólo enmudeció, no se defendió, sino que fue obediente hasta la cruz del calvario y la tumba, finalmente resucitó.
La nobleza te empuja a nuevas oportunidades, y te abre puertas más grandes; no hables mal de los demás, si de pronto sientes envidia por alguien -es un hecho que estamos expuestos a sentir envidia-, pero si tenemos intimidad con Dios, nos podemos despojar de la envidia del infierno, porque es de allí de donde procede; debemos reconocer que lo que Dios tiene para cada cual, es su real voluntad.
3. Propósito (Hechos 1:8). Jesús tenía muy claras sus metas, para dónde iba y qué debía hacer. Muchos no tienen claro qué van a hacer y por tanto, cómo van a vencer sino tienen claro a dónde quieren llegar. Quien esté enceguecido por la envidia, por la rabia, por la maldad, por las adiciones, etc., obviamente no podrá ver hacia dónde va, y ese es el propósito del enemigo, hacer que las personas no tengan propósito en su vida. Jesucristo tenía claro su propósito, hasta después de resucitar, incluso; y por eso le dio esa orden a sus discípulos. Es el propósito que Dios quiere que usted y yo tengamos.
Conclusión. Romanos 8:29.A los que el Señor conoció, predestinó para que fuesen hechos a la imagen del Señor Jesucristo, su Hijo; por tanto ese es nuestro destino, porque por su amor nos ha llamado hermanos de su propio Hijo y por tal razón junto con su Hijo, nos ha glorificado, y por eso sabemos que es Él quien va a prosperar y enaltecer nuestra vida, no nos glorifica ni la profesión, ni la mejor Empresa, ni el ministerio, solo el Padre Dios, junto con sui hijo.
El proceso según esta palabra es: Conoció, predestino llamo justificó y glorificó. Hay dos momentos claves en este proceso, en los cuales tenemos todo que ver, pero en lo demás, sólo a Dios el Padre le compete, y esos momentos claves son: cuando dice conoció, es la oportunidad que a todos el Señor nos da, para que nos acerquemos y le conozcamos, porque esa decisión es personal y solamente la podemos tomar cada uno de nosotros; y otra es cuando nos llama, debemos responder a esa confianza en nosotros, y sacar adelante todo aquello que el Señor quiere, llámese: matrimonio, ministerio, empresa, etc., y cuando realmente tomamos esas decisiones el Señor Jesucristo, nos tomará de la mano y nos levantará porque hemos sido sus escogidos.
Y ahora te digo a ti, querido lector, esto también es para ti, ¡Tú eres su escogido!





